Este pequeño escrito es porque en mi interior hay una bomba de relojería que lucha por no estallar.
Día a día sin motivo aparente la angustia va creciendo, las ganas de llorar a pesar de haber tenido un buen día ya son rutina y la sensación de pesadez es un peso muerto el cual estoy empezando a asimilar como propio. No es usual que me sienta así, pues me muestro alegre, sonriente, me siento bien y feliz por momentos, pero esos minutos de felicidad por minúsculos que sean no duran demasiado, y ese peso muerto me arrastra hacia un pozo donde solo me apetece llorar, sin pensar en nada, llorar por desahogarme, llorar por resentimiento conmigo misma. Llorar por todas esas metas que alguna vez me propuse y que nunca cumplí, llorar por nada y por todo.
Llorar.
He intentado despejarme ya sea leyendo o estudiando, y la verdad esto último me a reportado unas buenas notas, pero no ha aliviado este pesar, que siento sin motivo. Hecho de menos mi vida, sí, pero tengo una nueva en la que he de luchar por mis ideales y eso nunca me ha parecido triste, quizá si frustrante pero nada del otro mundo. ¿Me siento sola? Pues la verdad es que no, se que hay gente a mi alrededor, mis dudas siempre son las mismas. ¿Serán amigos de verdad? Pero por mucho que me intento convencer de que si, a veces no es suficiente y llegan las decepciones. Lloro por ello, perder a alguien que consideras tu amigo puede ser doloroso. Pero no tanto como esto que siento. Quizá tan solo sean cosas de la edad pero... ¿Cómo saberlo?
Este pequeño escrito es porque en mi interior hay una bomba de relojería a punto de estallar.