Tarde o temprano nos damos cuenta que las mayores mentiras están acompañadas de grandes verdades...

viernes, 15 de junio de 2012

Un Merecido Descanso


No sé si alguna vez habéis estado en mi situación, pero yo os vengo a describir la sensación que tienes cuando estas expectante ante una respuesta tan vital como esta.
Cuando hay algo que se te da mal, realmente mal, tienes que hacer un esfuerzo sobrehumano para superarlo sobretodo porque normalmente estas cosas no nos gustan nada. Si a eso le añadimos diez cosas más que tampoco son muy de tu agrado acabas volviéndote completamente loco en tan solo nueve meses y eso, queridos blogueros es de lo que voy a hablar hoy.
Al empezar el año empiezas bien, dices “Esto es fácil” pero esa actitud te dura hasta que ese hijo de **** al que llamamos cariñosamente maestro/a te enseña un examen en el cual tu hermano pequeño es capaz de sacar más nota que tú con los ojos cerrados. A partir de ese momento tu cabeza empieza a darse vueltas a si misma produciéndote unas ganas inmensas de tirarte al suelo y comenzar a patalear, como si eso lo solucionara todo. Después de desechar esa mala idea de tu cabeza joven y alocada, decides ponerte en serio y aprobar los siguientes exámenes, estas tan completamente seguro de que si estudias ocho horas al día aprobarás que no te das cuenta de que eso no es del todo cierto hasta que lo compruebas.
 Ves a esa M.A.E.S.T.R.A (Miserable Asquerosa Estúpida Tocada Ridícula) Con esa típica sonrisa de pena, diciéndote, (porque ya no se conforma con verte sufrir al ver esa nota de una cifra menor a cinco), “Yo sé que tu puedes dar más”, es ahí cuando tu cara se pone violeta y tienes otra vez ese arrebato mental de tirarte al suelo y dar patadas pero esta vez añadiendo los brazos. Y para más inri la señora esa te dice “Lo siento mucho pero estas suspendido” que no es malo del todo pero cuando añade la coletilla típica de “Es por tu bien” te dan ganas de dejar de respirar.
Aún así en vacaciones dices bueno, esto ya no lo puedo solucionar me pongo las pilas a partir de ahora y me va a salir todo bien, Si señor. Pero realmente, no ocurre así porque vuelves a pegarte esas ocho horas, en las que un sudor frio recorre tu espalda, haciéndote sentir angustiado y con un unas ansias de llorar inaguantables. Cuando llegas al examen, tus notas son exactamente las mismas que el trimestre pasado, si no peores claro, y ahí sí que quieres morirte pero no puedes, aún te queda un trimestre, y ese es el decisivo aunque ya a penas quieres seguir intentándolo.
Con tu último aliento repasas las dificilísimas formulas que te llevaran al éxito, inseguro haces el examen rezando todo lo que sabes por qué al menos llegue al cinco y sales de la clase dejando atrás una última esperanza de futuro.
Dos días después por fin llega ella, cargada de esos folios que dicen ser los exámenes. Impaciente corres a tu sitio y esperas con atención hasta que ella empieza a devolver los exámenes, para colmo de mayor a menor nota, y llega el nueve, el ocho, el siete… Y de repente te llega a ti, después de tanta agonía ves que ese examen tiene como puntuación un 7.1, al principio no te lo crees, luego ríes, y por último saltas de alegría. La que era la odiosa maestra ya no te parece tan odiosa y vuelves a sentarte recuperando la compostura antes de saber tu nota final. Persona a persona ella va dando las notas, muchos suspenden, otros no, pero cuando llega tu nombre no puedes evitar que ese escalofrío que recorre toda tu espalda sacándote prácticamente las lagrimas de los ojos, estas tan angustiado que tiemblas y cuando dice que estas aprobado, el corazón te da un vuelco, todo tu cuerpo siente el cosquilleo y tan solo sabes llorar de emoción ante tal noticia que te ha alegrado un verano y una vida, porque nunca mas tendrás que lidiar con ese problema, ya lo has superado y ese merito es todo tuyo.
Esas lágrimas demuestran tu esfuerzo sobrehumano, y demuestran que realmente te mereces estar en esa situación. Porque no eres tu el que es difícil, son SIEMPRE las matemáticas.

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