A quien no le ha pasado que en el máximo apogeo de su vida, en el momento en el cual empiezas a creerte lo que has conseguido, en ese mismo momento cuando nada puede ir mal, te caes de tu nube de ensueño y te despiertas en la cruda realidad con tan solo lo puesto en todos los sentidos. No sabes que hacer; no sabes con quien hablar; no quieres saber nada de nada, recuerdas esos pequeños buenos tiempos que asoman tímidos en tu subconsciencia haciendo que envidies cuando tenias esa capacidad de no darte cuenta de las cosas, esa inocencia que poco a poco has ido perdiendo debido a los problemas que este camino llamado vida te pone delante de los ojos. La angustia y el dolor interno predominan en tu persona, y lo único que quieres y necesitas es poner fin a dicho calvario pero hay una duda...¿Como? Y ahí es a donde quiero llegar, porque a pesar de que pienses que no tienes nada que perder te equivocas todo un mundo te espera lleno de oportunidades y mil maneras de olvidar de una vez por todas el dolor. Y es que el paraíso tal y como pensamos que es no existe, el paraíso se va construyendo poco a poco siendo una meta y por tanto un motivo por el que seguir luchando y a lo sumo viviendo.
Porque aunque te lleves mil palos la vida es un tesoro.
