Y es que muchas veces nos
preguntamos el ¿Cómo? pero pocas decimos el "Vamos a por ello". La
cuestión es que si quieres puedes, y no hay adversidad lo suficientemente
grande como para que no puedas cumplir una meta... Porque el sentir ese cosquilleo
desde la boca del estomago hasta el pecho, haciéndote sentir
completa es tan solo un signo que quiere decir que siempre has estado preparada
para perseguir tus sueños.
Tarde o temprano nos damos cuenta que las mayores mentiras están acompañadas de grandes verdades...
domingo, 30 de septiembre de 2012
Cosas en las que pensar...
martes, 11 de septiembre de 2012
Mi realidad
Mi vida va dando tumbos hacia los lados, a veces no tengo ni idea de que hacer, decir o simplemente pensar, así que intento poner mi mente en blanco y desconectar. Es justo después cuando las ganas tremendas de escribir me invaden, llevándome a mis realidades, a mis sueños, haciéndome sentir libre por momentos. Me permito volar por los infinitos muros de la imaginación y día tras día descubro cosas increíblemente curiosas de ese maravilloso mundo, me encantaría poder plasmarlas todas, pero el tiempo que ocuparía hacerlo seria infinito, y mi vida desgraciadamente no dura tanto. Es aquí cuando a mi cabeza se le ocurre la genial idea de que podría vivir de eso, de enseñarle a los demás las virtudes de ese, mi pequeño gran mundo, y es aquí donde vuelvo a poner los pies en la tierra.Mi gran sueño es llegar a viajar y conocer todas las culturas que me sean posible, mi profesión ha de ser acorde con eso y la verdad es que la de escritora es genial, si no fuera porque los medios necesarios para empezar no me van a caer del cielo y sería mucha casualidad que algún día llegara a vivir de eso pero mientras hago lo imposible para conseguir mi meta, me limito a dejaros mis ideas, pensamientos e inquietudes. Mis historias, una parte de mi, que lucha por un sueño, que será una realidad.
sábado, 8 de septiembre de 2012
Historia de una vida
Una
familia era mi deseo pero no el primero, aunque viví en
tiempos difíciles para la mujer lo que más deseaba en mi juventud era
la libertad, quería poder salir de mi casa y decir lo que pensaba sin
miedo a las miradas de todas aquellas mujeres conservadoras y sus respectivos
maridos, quería correr por las calles "prohibidas" de aquel joven
Londres y ver a mi querido Henry, poder besarle cada vez que le viera o
simplemente decirle que no estropeara su vida como otros habían hecho, pero nada de eso paso hasta que
para mí ya era un simple recuerdo. Muchos años creí que el amor era todo lo que
cuentan las historias pero no era cierto, al menos no en mi caso.
Desde que cumplí mis dieciséis años nunca pude dejar
de sonreír al verle, él era especial, me había dado mi
primer beso y a pesar de que era poco agraciado de niño, como joven y adulto
era muy atractivo, paso mucho tiempo desde aquel cumpleaños y cuando lo volví a
ver me sorprendí.
Nuestro romance empezó en una noche mágica un 1 de marzo en
un año tal como 1915, en ese entonces tenía 20 años, me había casado
pero mi marido,Brian, cayó en la batalla de Galípoli, era una gran persona pero mis sentimientos hacía él se habían desvanecido y tras cumplir casi un mes de luto riguroso salí a las calles hacia las
revoluciones sufragistas. Ese había sido mi destino desde siempre y
ninguna atadura me iba a retener en casa para no manifestarme. Fue ahí cuando
para mi sorpresa después de haber recibido varios golpes por los
gendarmes cuando lo vi, después de cuatro años, aún me sorprendo
al pensar en cuánto había cambiado, Henry cayó en mi mirada y fue en mi
ayuda presentándose como mi marido, cuando al fin salimos de ese
alboroto me invito a su casa en Square Street y no pude evitar alegrarme
al oír que debido a su lesión de guerra
estaba exento de ésta, además contó cómo había dejado pasar
todas las posibles propuestas de matrimonio pues su excusa era que estaba
esperando a su verdadero "amor". Mi corazón palpito tan
fuerte que apenas se me aguantaba en el pecho así que me lancé y besé sus
labios que para mí alivio respondieron a mi
beso haciéndome sentir única, el cosquilleo
que subió por mi espalda fue memorable y ahí mismo bajo la luna llena
consumimos nuestra pasión haciendo uno nuestros cuerpos
y jurando estar siempre juntos. Poco después de nuestra
boda, en 1918 decidimos mudarnos a Holanda, donde a Henry
le habían ofertado un trabajo muy bien remunerado para los tiempos
que corrían y yo podría seguir expandiendo la igualdad por Europa, así pues nuestro primer hijo Nathan nació bajo los techos de
mi casa situada en Nieuwendijk, Ámsterdam y como matrona simplemente
las manos de mi marido y toda la alegría que
ambos teníamos ante tal acontecimiento. Esos años fueron
felices ¡Ay si lo fueron! No había desgracias en nuestras
vidas, éramos la familia casi-perfecta, él médico, ella la perfecta ama de casa,luchando en la medida de lo posible por la libertad de la mujer y un pequeño que iba tras los pasos de su padre y cuya moral respetaba las ideas de su madre como si en aquel momento fueran algo básico. Después de la I Guerra Mundial las autoridades acudieron a
nuestro domicilio y arrestaron a mi marido, al parecer la dicha lesión de
guerra era una mentira, nunca había estado en la guerra y a ojos de la sociedad
eso era una traición por lo que debería pagar con su vida.
El pequeño Nathan tan solo tenía 6 años y Katy apenas acababa de nacer, a mis
30 años me iba a quedar viuda por segunda vez y eso no era lo que quería. A
Henry le concedieron una última noche para despedirse de nosotros e ir a
cumplir su condena en Kent, Inglaterra, Europa necesitaba ser reconstruida y para ello la vida de gente como Henry sería necesaria. Esa noche cometí una locura,
pero me siento orgullosa de aquello, cuando Henry llegó le pedí que por
favor se fuera, le convencí de que solo tendría esa oportunidad
y le entregue el billete de tren hacia España, como coartada le pedí que me
golpeara, así parecería que había sido en contra de mi voluntad y los
niños y yo saldríamos ilesos. Meses más tarde podríamos viajar a
España y reencontrarnos, después de que los niños se acostaran Henry
con sus grandes ojos de mar llenos de lágrimas me besó y me golpeó en la cabeza
lo suficientemente fuerte como para que me quedará inconsciente. Lo único que
supe de él es que al llegar a España la lepra se había hecho con su vida y
que nunca hubo otra mujer para él, eso fue mi consuelo durante los duros años
en los que luche contra la sociedad en la ciudad sin un marido. Alrededor del
1935 conocí a Charles, un judío bastante adinerado y tras varios meses de
desesperación debido a mi situación económica accedí a casarme
por tercera vez, según sus palabras nadie podría haberse resistido a una cara tan
preciosa, pero lo cierto era que estaba bastante demacrada tras criar a
dos niños sola, esos tres años bajo el respaldo de Charles fueron simplemente
un respiro antes de la verdadera batalla. Kate tan solo tenía 15 años y Nathan
se había ido a Alemania para no volver, cuando en 1940 los Nazis llegaron a
Holanda nos cogieron totalmente desprevenidos ya que el día 13 de mayo teníamos
pensado emigrar a EE.UU para evitar que nuestra querida Kate fuera a esos
asquerosos campos de concentración, había recibido la carta tan solo cuatro
días antes y ya estaba todo planeado pero era demasiado tarde y comenzó la
tortura más grande que pude haber vivido nunca. Me separaron de mi
marido, ni siquiera se molestaron en comprobar si era o no cristiana y me metieron
en el campo de Bergen - Belsen junto con mi hija, la cual murió unos años
después de tifus. Yo tuve que hacer miles de trabajos para aquellos
desgraciados, soporté sus violaciones con serenidad y lágrimas, tuve que ver
como mi hija seguía esos pasos aguantando las más indescriptibles
humillaciones, fui un numero durante esos años; en 1943 casi al acabar la
guerra, después de mis mil planes de fuga, un hombre de cabello oscuro encontró una pequeña salida y armándome de
valor decidí poner fin a mi sufrimiento y comenzar la búsqueda de mi hijo. Afortunadamente
logre salir, nunca se me olvidara todas las ulceraciones que el jovencísimo
cuerpo de mi hija tuvo que soportar, todas las ideas de una vida mejor que se
creó y ninguna de ellas nunca llego a ser verdad ni para ella ni para mí
por vivir con su recuerdo, mi hija había muerto, como ya dije antes y mi propio
cuerpo estaba mutilado de maneras casi imposibles, ulcerado como si ácido
hubiera caído sobre mi piel, pero lo peor de todo eso era mi corazón inyectado
en el más ponzoñoso veneno de serpiente el cual llenaba mi mente con odio hacia
la vida y hacia ese Dios al que siempre había honrado y adorado, ese Dios que
mientras mi hija moría con un sucio nazi encima no hizo nada, un Dios que
castigo a millones de personas inocentes a la muerte más asquerosa, desde mi
entrada al infierno él había sido mi fuente para seguir adelante, pero ahora
nada podría convencerme de que realmente merecía que le concediera mi perdón.
Mi único motivo para seguir adelante era encontrar a mi hijo, mi pequeño
Nathan, su paradero me fue incierto hasta acabar la maldita guerra. En 1945 la
cruz roja destruyó mi vida con una noticia peor que la que tanto había temido,
Nathan no soportó el holocausto, fue cómplice de el, él se presentó con mentiras atroces cómo alemán ante las tropas
nazis, fue reclutado como soldado y asesino, quitándole la vida a miles
de personas como su hermana, como yo, como él mismo… Las asesinó sin ningún
tipo de escrúpulos, las violó y sufrió las consecuencias, había muerto de
Sífilis.Mi hija había muerto, mi hijo había alimentado mi odio hacia la vida al haberse sometido así ante esas personas, pero no me alegre con la noticia de su muerte.
Estaba sola, era el año 1946 y seguía sola, conseguí refugiarme entre la antigua casa de Charles, el cual nunca supe como falleció.
No tenía aparentemente ningún motivo para
seguir adelante, para subsistir vendí mi cuerpo, ya que no tenía nada que
perder. Tenía 53 años cuando aquel señor me saco de mi vida, ofreciéndome una
oportunidad para retomar mis sueños rotos. Poco a poco recuperé mi autoestima,
y rehíce mi vida gracias a ese ángel que me cayó del cielo. Marcus se llamaba y
fue mi cuarto y último marido, junto a él deje atrás Europa y todo lo que ella
significó para mi pues tan solo me llevé pedazos de oscuridad en mi corazón
gracias a ella.
Una vez en Estados Unidos, pude estudiar y ser la mujer que
siempre había soñado, una vez acabe mi carrera y descubrí que ya no podría
concebir vida deseé poder escribir mi historia en un libro para que cualquiera
pudiera escucharla, pero fue bastante complejo, y al empezar a recordar esos
tiempos no pude seguir, tenía 58 años pero no estaba preparada para eso.
Mi
ángel era un poderoso aristócrata cuya reputación se remontaba a épocas
anteriores a la guerra con lo cual eran muy conocidas sus grandiosas fiestas y
yo fui la encargada de preparar estas durante diez maravillosos años. Después
disfrute de una vida tranquila en las costas de California acompañada de mi
marido y la brisa del mar, que tanto me recordaba a Henry, el gran amor de mi
vida.
Hoy después de todas esas vueltas de la vida estoy aquí en este papel, después de luchar tanto por mis ideales, de pagar un precio tan alto por mi vida, estoy aquí en la memoria de gente que se molesta en leer o escribir relatos así, haciendo que todo perdure con cambios tan deseados como el de la igualdad, porque yo y mi historia son una mera invención, pero tened en cuenta que perfectamente esta vida pudo ser real.
Espero que os haya gustado y si no especialmente en este relato ME ENCANTA que tengais tiempo para leer cosas que no os agradan.
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