Tarde o temprano nos damos cuenta que las mayores mentiras están acompañadas de grandes verdades...

sábado, 8 de septiembre de 2012

Historia de una vida


En un espacio tan fantástico como la mente, cosas tan reales como las realidades de mi vida pueden ser tan solo una mera suposición. Ojalá me diera tiempo de contaros todas mis historias, ojalá la idea hubiera aflorado antes, pero la vejez no perdona y sentada en esta playa del sur de California he de decir que ya no me queda mucho.

Una familia era mi deseo pero no el primero, aunque viví en tiempos difíciles para la mujer lo que más deseaba en mi juventud era la libertad, quería poder salir de mi casa y decir lo que pensaba sin miedo a las miradas de todas aquellas mujeres conservadoras y sus respectivos maridos, quería correr por las calles "prohibidas" de aquel joven Londres y ver a mi querido Henry, poder besarle cada vez que le viera o simplemente decirle que no estropeara su vida como otros habían hecho, pero nada de eso paso hasta que para mí ya era un simple recuerdo. Muchos años creí que el amor era todo lo que cuentan las historias pero no era cierto, al menos no en mi caso. Desde que cumplí mis dieciséis años nunca pude dejar de sonreír al verle, él era especial, me había dado mi primer beso y a pesar de que era poco agraciado de niño, como joven y adulto era muy atractivo, paso mucho tiempo desde aquel cumpleaños y cuando lo volví a  ver me sorprendí. Nuestro romance empezó en una noche mágica un 1 de marzo en un año tal como 1915, en ese entonces tenía 20 años, me había casado pero mi marido,Brian,  cayó en la batalla de Galípoli, era una gran persona pero mis sentimientos hacía él se habían desvanecido y tras cumplir casi un mes de luto riguroso salí a las calles hacia las revoluciones sufragistas. Ese había sido mi destino desde siempre y ninguna atadura me iba a retener en casa para no manifestarme. Fue ahí cuando para mi sorpresa después de haber recibido varios golpes por los gendarmes cuando lo vi, después de cuatro años, aún me sorprendo al pensar en cuánto había cambiado, Henry cayó en mi mirada y fue en mi ayuda presentándose como mi marido, cuando al fin salimos de ese alboroto me invito a su casa en Square Street y no pude evitar alegrarme al oír que debido a su lesión de guerra estaba exento de ésta, además contó cómo había dejado pasar todas las posibles propuestas de matrimonio pues su excusa era que estaba esperando a su verdadero "amor". Mi corazón palpito tan fuerte que apenas se me aguantaba en el pecho así que me lancé y besé sus labios que para mí alivio respondieron a mi beso haciéndome sentir única, el cosquilleo que subió por mi espalda fue memorable y ahí mismo bajo la luna llena  consumimos nuestra pasión haciendo uno nuestros cuerpos y jurando estar siempre juntos. Poco después de nuestra boda, en 1918 decidimos mudarnos a Holanda, donde a Henry le habían ofertado un trabajo muy bien remunerado para los tiempos que corrían y yo podría seguir expandiendo la igualdad por Europa, así pues nuestro primer hijo Nathan nació bajo los techos de mi casa situada en Nieuwendijk, Ámsterdam y como matrona simplemente las manos de mi marido y toda la alegría que ambos  teníamos ante tal acontecimiento. Esos años fueron felices ¡Ay si lo fueron! No había desgracias en nuestras vidas, éramos la familia casi-perfecta, él médico, ella la perfecta ama de casa,luchando en la medida de lo posible por la libertad de la mujer  y un pequeño que iba tras los pasos de su padre y cuya moral respetaba las ideas de su madre como si en aquel momento fueran algo básico. Después de la I Guerra Mundial las autoridades acudieron a nuestro domicilio y arrestaron a mi marido, al parecer la dicha lesión de guerra era una mentira, nunca había estado en la guerra y a ojos de la sociedad eso era una traición por lo que debería pagar con su vida. El pequeño Nathan tan solo tenía 6 años y Katy apenas acababa de nacer, a mis 30 años me iba a quedar viuda por segunda vez y eso no era lo que quería. A Henry le concedieron una última noche para despedirse de nosotros e ir a cumplir su condena en Kent, Inglaterra, Europa necesitaba ser reconstruida y para ello la vida de gente como Henry sería necesaria. Esa noche cometí una locura, pero me siento orgullosa de aquello, cuando Henry llegó le pedí que por favor se fuera, le convencí de que solo tendría esa oportunidad y le entregue el billete de tren hacia España, como coartada le pedí que me golpeara, así parecería que había sido en contra de mi voluntad y los niños y yo saldríamos ilesos. Meses más tarde podríamos viajar a España y reencontrarnos, después de que los niños se acostaran Henry con sus grandes ojos de mar llenos de lágrimas me besó y me golpeó en la cabeza lo suficientemente fuerte como para que me quedará inconsciente. Lo único que supe de él es que al llegar a España la lepra se había hecho con su vida y que nunca hubo otra mujer para él, eso fue mi consuelo durante los duros años en los que luche contra la sociedad en la ciudad sin un marido. Alrededor del 1935 conocí a Charles, un judío bastante adinerado y tras varios meses de desesperación debido a mi situación económica accedí a casarme por tercera vez, según sus palabras nadie podría haberse resistido a una cara tan preciosa, pero lo cierto era que estaba bastante demacrada tras criar a dos niños sola, esos tres años bajo el respaldo de Charles fueron simplemente un respiro antes de la verdadera batalla. Kate tan solo tenía 15 años y Nathan se había ido a Alemania para no volver, cuando en 1940 los Nazis llegaron a Holanda nos cogieron totalmente desprevenidos ya que el día 13 de mayo teníamos pensado emigrar a EE.UU para evitar que nuestra querida Kate fuera a esos asquerosos campos de concentración, había recibido la carta tan solo cuatro días antes y ya estaba todo planeado pero era demasiado tarde y comenzó la tortura más grande que pude haber vivido nunca.  Me separaron de mi marido, ni siquiera se molestaron en comprobar si era o no cristiana y me metieron en el campo de Bergen - Belsen  junto con mi hija, la cual murió unos años después de tifus. Yo tuve que hacer miles de trabajos para aquellos desgraciados, soporté sus violaciones con serenidad y lágrimas, tuve que ver como mi hija seguía esos pasos aguantando las más indescriptibles humillaciones, fui un numero durante esos años; en 1943 casi al acabar la guerra, después de mis mil planes de fuga, un hombre de cabello oscuro encontró una pequeña salida y armándome de valor decidí poner fin a mi sufrimiento y comenzar la búsqueda de mi hijo. Afortunadamente logre salir, nunca se me olvidara todas las ulceraciones que el jovencísimo cuerpo de mi hija tuvo que soportar, todas las ideas de una vida mejor que se creó y ninguna de ellas nunca llego a ser  verdad ni para ella ni para mí por vivir con su recuerdo, mi hija había muerto, como ya dije antes y mi propio cuerpo estaba mutilado de maneras casi imposibles, ulcerado como si ácido hubiera caído sobre mi piel, pero lo peor de todo eso era mi corazón inyectado en el más ponzoñoso veneno de serpiente el cual llenaba mi mente con odio hacia la vida y hacia ese Dios al que siempre había honrado y adorado, ese Dios que mientras mi hija moría con un sucio nazi encima no hizo nada, un Dios que castigo a millones de personas inocentes a la muerte más asquerosa, desde mi entrada al infierno él había sido mi fuente para seguir adelante, pero ahora nada podría convencerme de que realmente merecía que le concediera mi perdón. Mi único motivo para seguir adelante era encontrar a mi hijo, mi pequeño Nathan, su paradero me fue incierto hasta acabar la maldita guerra. En 1945 la cruz roja destruyó mi vida con una noticia peor que la que tanto había temido, Nathan no soportó el holocausto, fue cómplice de el, él se presentó con mentiras atroces cómo alemán ante las tropas nazis, fue reclutado como soldado y asesino, quitándole la vida  a miles de personas como su hermana, como yo, como él mismo… Las asesinó sin ningún tipo de escrúpulos, las violó y sufrió las consecuencias, había muerto de Sífilis.
Mi hija había muerto, mi hijo había alimentado mi odio hacia la vida al haberse sometido así ante esas personas, pero no me alegre con la noticia de su muerte.
Estaba sola, era el año 1946 y seguía sola, conseguí refugiarme entre la antigua casa de Charles, el cual nunca supe como falleció. 
No tenía aparentemente ningún motivo para seguir adelante, para subsistir vendí mi cuerpo, ya que no tenía nada que perder. Tenía 53 años cuando aquel señor me saco de mi vida, ofreciéndome una oportunidad para retomar mis sueños rotos. Poco a poco recuperé mi autoestima, y rehíce mi vida gracias a ese ángel que me cayó del cielo. Marcus se llamaba y fue mi cuarto y último marido, junto a él deje atrás Europa y todo lo que ella significó para mi pues tan solo me llevé pedazos de oscuridad en mi corazón gracias a ella. 
Una vez en Estados Unidos, pude estudiar y ser la mujer que siempre había soñado, una vez acabe mi carrera y descubrí que ya no podría concebir vida deseé poder escribir mi historia en un libro para que cualquiera pudiera escucharla, pero fue bastante complejo, y al empezar a recordar esos tiempos no pude seguir, tenía 58 años pero no estaba preparada para eso. 
Mi ángel era un poderoso aristócrata cuya reputación se remontaba a épocas anteriores a la guerra con lo cual eran muy conocidas sus grandiosas fiestas y yo fui la encargada de preparar estas durante diez maravillosos años. Después disfrute de una vida tranquila en las costas de California acompañada de mi marido y la brisa del mar, que tanto me recordaba a Henry, el gran amor de mi vida.    

Hoy después de todas esas vueltas de la vida estoy aquí en este papel, después de luchar tanto por mis ideales, de pagar un precio tan alto por mi vida, estoy aquí en la memoria de gente que se molesta en leer o escribir relatos así, haciendo que todo perdure con cambios tan deseados como el de la igualdad, porque yo y mi historia son una mera invención, pero tened en cuenta que perfectamente esta vida pudo ser real.

Espero que os haya gustado y si no especialmente en este relato ME ENCANTA que tengais tiempo para leer cosas que no os agradan.

2 comentarios:

  1. No se por que la fuente de la letra se cambia o se pone en negrita, espero que no os afecte a la hora de leerlo y comprenderlo. Un beso Esa chica de ahí, Im she.

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  2. Este relato demuestra la sensibilidad que tienes por dentro y que te hace diferente, contando historias de la cruda vida real, dándoles un giro de esperanza y un canto de Aleluya a la vida....Fantástico¡¡¡¡

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