Fue un día cualquiera cuando lo conocí, su larga melena negra y rizada descendía por sus anchos hombros, sus ojos color avellana parecían desnudarme con tan solo una mirada, y su sonrisa ¡Ah su sonrisa! Aún recuerdo sus blancos dientes, rodeados por unos carnosos labios que lo hacían aún más atractivo. Embobada aún por la perfección de su cuerpo no me di cuenta de que me hablaba hasta que su mano rozó mi brazo produciéndome un escalofrío que recorrió cada célula de mi cuerpo, haciéndome sentir confusa porque ese personaje de ensueño se dirigiera a mí.
Tras unas semanas comenzamos a salir, yo estaba eufórica además de ser un perfecto Adonis, era una persona culta, seria e inteligente. En ese momento no podía pedir más, teniendo en cuenta que mi orientación sexual siempre había sido hacía personas de mi mismo sexo, así pues nuestra relación fue viento en popa, éramos perfectos el uno para el otro. Ambos sabíamos todo lo que debíamos saber el uno del otro, o al menos eso pensaba hasta que un día una pregunta me cogió por sorpresa.
En nuestra relación habíamos dejado de lado todo lo referente a la familia, la religión y todos esos aspectos que pudieran afectar a un nosotros. Pero ese día en el que la pesadilla comenzó todo lo que habíamos tratado de evitar surgió junto con dos billetes de avión destino Madrid- Marruecos. Sin saber nada me vi envuelta en una sorpresa aparentemente confortante, la cual me haría conocer a mis suegros, tan desconocidos para mí hasta ese momento, y además podría conocer el país, creí que sería una aventura digna de vivir. Pero ahora no estoy segura.
Nuestra
llegada fue peculiar, Marack, mi pareja, sugirió que vistiera un burka, cosa
que en un principio no me desagrado ya que me gusta conocer nuevas culturas,
así que tras equiparme con esa prenda un tanto calurosa, bajamos del avión. Mi
imaginación creó una imagen de un cálido reencuentro, Marack llevaba más de
diez años fuera de su país no era de esperar menos, pero para mi sorpresa el
encuentro fue frio, descortés, parecía que Marack había hecho un negocio con
ellos en vez de una unión familiar. Tímida ante esta forma de trato me acerqué
poco a poco a aquellos señores, todos hombres, para saludar pero sus miradas de
desaprobación me hicieron sentir cohibida, Marack me lanzó una mirada furtiva y
corrió a socorrerme en su idioma, según su traducción explicaba como yo era su
mujer, y como fui criada en occidente no conocía sus costumbres; ahora me doy
cuenta de que todo lo que aquel demonio con cuerpo de hombre me contaba eran
puras patrañas. A penas dos días después de llegar ya estaba harta de mi
condición de mujer, y de nada servía quejarse ya que más trabajo te harían
pasar. Cada día de esas largas vacaciones me levantaba y limpiaba los pies de
Marack por costumbre, con mi cabello, él al principio ayudaba a que mi estancia
allí fuera más confortante, pero desgraciadamente con el paso del tiempo fue
todo lo contrario, al parecer su religión le permitía elegir a más de una
esposa y tras “cansarse” de mi decidió buscar a una joven, marroquí que
cumpliría sin quejas todas sus necesidades. Al principio me dolió y sufrí, el
único consuelo que me quedaba era la vuelta a España. Cuando volviera podría
decirle adiós a todo el mundo de Marack y volver a mi tranquila vida como
redactora, pero poco después de consolarme con esa idea, Nanin la única
marroquí que sentía algo de lastima por mí decidió poner fin a mis esperanzas
dándome pruebas de eso que yo había evitado creer, Marack ya no tenía ni pizca
de afecto hacia mí y al parecer era una gran esclava sexual, tal y como me
había descrito la maltrecha mujer. El fruto de un supuesto amor estaba en mi
vientre, y por nada del mundo iba a dejar que esa criatura viviera en esas
penosas condiciones, y menos por esa zorra marroquí que se había entrometido en
mi camino.
Ese día supe que mis actos traerían grandes consecuencias, Fargá, la joven y Marack estaban en los aposentos de este, consumiendo cada gota de lujuria que recorría sus sudorosos cuerpos, agitados y acompasados. Era el momento perfecto para deshacerme de mi pesadilla para siempre, así que no dude un segundo y tras disfrutar las caras de asombro y miedo de los amantes, quedé en paz.
Hola mi nombre es María, tengo veinticuatro años, estoy en Tánger (Marruecos) y estoy a punto de ser asesinada en la pedrera, por amor.
Dato:
Este relato es ficticio, espero que os guste !!!
Este relato es ficticio, espero que os guste !!!

Espero que os guste!!
ResponderEliminar