La vida
es un mar de adivinanzas. Es un constante pensar en que puede ocurrir, con la
certeza de que nunca lo sabremos hasta que ocurra. Muchas veces esa sensación
de que algo malo esta a punto de pasar, solo se queda en eso, una sensación, pero
otras, por desgracia, no es así y el sentimiento de desconcierto se
convierte en impotencia, pura y dura. El saber aunque hubieras hecho algo
no ibas a arreglar nada, porque claramente pensabas que no iba a pasar nada, el
saber que paso y no podías evitarlo, el saber que no puedes
volver atrás para remediarlo, aunque el problema no sea tu culpa, ni
la de nadie. Un segundo te puede cambiar toda la vida, puedes sufrir mucho,
puedes recordar todo lo que tenias antes de la desgracia, pero nunca puedes
recuperarlo todo, una parte se queda ahí. Es el recuerdo de lo que paso, es el
precio que eso tuvo, y que no estabas dispuesto a pagar. El precio que se saldo
el destino, un destino incierto, cambiante y muchas veces doloroso. Pero seguro
que ese mal augurio pasará y aunque siempre llevemos el recuerdo de esos
momentos, no nos producirá el dolor que ahora sentimos. Porque al fin
y al cabo esas personas que nos quieren, y muchas veces nos dejan no
nos querrían ver mal. Aunque lo estemos, y no lo podamos evitar.
Aunque derramemos mas lagrimas de las que podemos, ellos
siempre estarán en nuestros recuerdos con una sonrisa, con ese brillo
en los ojos tan característico, con esa manera peculiar de saludarnos e
incluso de reír. Porque nunca será lo mismo sin ellos, pero podrá ser
diferente, y eso es lo que les habría gustado.Tarde o temprano nos damos cuenta que las mayores mentiras están acompañadas de grandes verdades...
martes, 8 de mayo de 2012
Algo que he de recordar...
La vida
es un mar de adivinanzas. Es un constante pensar en que puede ocurrir, con la
certeza de que nunca lo sabremos hasta que ocurra. Muchas veces esa sensación
de que algo malo esta a punto de pasar, solo se queda en eso, una sensación, pero
otras, por desgracia, no es así y el sentimiento de desconcierto se
convierte en impotencia, pura y dura. El saber aunque hubieras hecho algo
no ibas a arreglar nada, porque claramente pensabas que no iba a pasar nada, el
saber que paso y no podías evitarlo, el saber que no puedes
volver atrás para remediarlo, aunque el problema no sea tu culpa, ni
la de nadie. Un segundo te puede cambiar toda la vida, puedes sufrir mucho,
puedes recordar todo lo que tenias antes de la desgracia, pero nunca puedes
recuperarlo todo, una parte se queda ahí. Es el recuerdo de lo que paso, es el
precio que eso tuvo, y que no estabas dispuesto a pagar. El precio que se saldo
el destino, un destino incierto, cambiante y muchas veces doloroso. Pero seguro
que ese mal augurio pasará y aunque siempre llevemos el recuerdo de esos
momentos, no nos producirá el dolor que ahora sentimos. Porque al fin
y al cabo esas personas que nos quieren, y muchas veces nos dejan no
nos querrían ver mal. Aunque lo estemos, y no lo podamos evitar.
Aunque derramemos mas lagrimas de las que podemos, ellos
siempre estarán en nuestros recuerdos con una sonrisa, con ese brillo
en los ojos tan característico, con esa manera peculiar de saludarnos e
incluso de reír. Porque nunca será lo mismo sin ellos, pero podrá ser
diferente, y eso es lo que les habría gustado.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario